En México, ejercer el periodismo implica moverse en un entorno marcado por amenazas, presiones y violencia. Pero para las mujeres que ejercen esta profesión el escenario suele ser todavía más adverso: además de los riesgos propios de informar, enfrentan agresiones por razones de género, desigualdad salarial y una carga adicional de responsabilidades familiares que muchas veces permanece invisible.
En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, diversas organizaciones y especialistas advierten que la fecha no debería limitarse a felicitaciones simbólicas, sino servir para cuestionar las condiciones en las que trabajan las mujeres que informan a la sociedad.
Las periodistas en México cubren temas complejos como violencia, corrupción o crimen organizado, pero pocas veces se habla de los obstáculos que enfrentan en su propio entorno laboral. A la presión del oficio se suman ataques digitales, campañas de desprestigio y agresiones que, en muchos casos, tienen un componente claramente misógino.
De acuerdo con el monitoreo de Comunicación e Información de la Mujer A.C. (CIMAC), entre septiembre y noviembre de 2025 se documentaron 65 agresiones contra mujeres periodistas relacionadas directamente con su trabajo informativo. Entre los principales agresores aparecen incluso funcionarios públicos, lo que evidencia la vulnerabilidad en la que se encuentran muchas comunicadoras.
La situación se agrava cuando las periodistas buscan protección institucional. Reportes de Artículo 19 indican que menos del 30 % de las mujeres que solicitan mecanismos de protección reciben el apoyo necesario, lo que refleja deficiencias en los sistemas diseñados para garantizar su seguridad.
Los datos históricos tampoco son alentadores. Durante el sexenio anterior se documentaron mil 189 agresiones contra mujeres periodistas, según registros de CIMAC. Además, el riesgo de perder la vida sigue presente: en 2025 al menos siete periodistas fueron asesinados en México en hechos posiblemente relacionados con su labor informativa.
Desde el año 2000, Artículo 19 México y Centroamérica ha documentado 175 asesinatos de periodistas, de los cuales 12 corresponden a mujeres.
A estas condiciones de violencia se suma la desigualdad económica dentro de la profesión. Datos de Data México, de la Secretaría de Economía, muestran que en el primer trimestre de 2025 las mujeres representaban 41.7 % de la fuerza laboral dentro de la categoría de autores, periodistas y traductores. Sin embargo, su salario promedio mensual era de 4 mil 680 pesos, mientras que los hombres —con mayor presencia en el sector— percibían en promedio 12 mil 200 pesos.
La brecha salarial se vuelve aún más evidente en el sector informal, donde muchas periodistas trabajan sin estabilidad laboral ni prestaciones. En ese ámbito, las mujeres reportaron ingresos promedio de 2 mil 850 pesos mensuales, frente a 17 mil 900 pesos para los hombres.
Pero el desafío no se limita a los ingresos. Muchas comunicadoras enfrentan dobles o triples jornadas de trabajo, al combinar su labor periodística con la maternidad o el cuidado de familiares. Esta carga es aún más compleja para quienes maternan solas o cuidan a hijos con enfermedades o discapacidad.
En este contexto, especialistas y organizaciones coinciden en que la violencia, la desigualdad económica y las responsabilidades de cuidado crean un entorno particularmente hostil para las mujeres periodistas. Estas condiciones no solo afectan su bienestar, sino también la libertad de expresión y la calidad de la información que recibe la sociedad.
Por ello, el 8 de marzo no debería ser un simple gesto simbólico, sino una oportunidad para reflexionar sobre las condiciones reales en las que trabajan las mujeres que todos los días informan al país.