Lo que prometía ser una noche histórica para el fútbol mexicano terminó marcado por la tragedia. En el marco del partido entre México y Portugal, un aficionado perdió la vida dentro del Estadio Azteca, reabriendo el debate sobre la seguridad en los recintos deportivos rumbo al Mundial de 2026.
De acuerdo con los primeros reportes de autoridades capitalinas, el incidente ocurrió cuando el aficionado, presuntamente bajo los efectos del alcohol, intentó descender desde el tercer nivel hacia una zona inferior del estadio. En el intento, resbaló y cayó hasta la planta baja, lo que le provocó la muerte.
El secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto, calificó el hecho como una “imprudencia que terminó en tragedia” y descartó, en una primera evaluación, que el suceso esté relacionado con las recientes remodelaciones del inmueble, ahora conocido como Estadio Banorte.
Aunque se trata de un caso aislado según las autoridades, el impacto ha sido inmediato. La muerte del aficionado revive cuestionamientos sobre los protocolos de seguridad, particularmente en un estadio que será uno de los escenarios principales del Mundial 2026.
La historia del fútbol mundial ha estado marcada por episodios similares, donde fallas en la organización o condiciones inadecuadas han derivado en tragedias. Por ello, lo ocurrido en el Azteca coloca nuevamente bajo la lupa la responsabilidad de garantizar la integridad de los asistentes.
Hasta el momento, ni la Federación Mexicana de Fútbol ni la Selección Nacional han emitido un posicionamiento oficial. Sin embargo, el mensaje es claro: más allá del espectáculo, la seguridad del aficionado debe ser prioridad absoluta.