Las autoridades venezolanas iniciaron el entierro de cuerpos que no han podido ser identificados, luego de los terremotos que sacudieron al país y que han dejado más de 3 mil personas fallecidas, en una de las peores tragedias naturales de su historia reciente.
La medida fue adoptada debido al creciente número de víctimas y al avanzado estado de descomposición de algunos cadáveres recuperados entre los escombros. Antes de su inhumación, especialistas realizaron registros fotográficos, toma de huellas dactilares y recolección de muestras genéticas para facilitar una futura identificación y permitir que los familiares puedan reclamarlos posteriormente.
Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate, cientos de familias permanecen en hospitales, refugios y centros de identificación con la esperanza de localizar a sus seres queridos. Equipos forenses trabajan de manera ininterrumpida para cotejar la información genética con los registros de personas desaparecidas.
El gobierno venezolano informó que la cifra de fallecidos supera ya las 3 mil personas, mientras que miles más permanecen heridas o desplazadas por el colapso de viviendas, edificios e infraestructura en varias regiones del país.
En las zonas más afectadas continúan las operaciones de rescate con apoyo de brigadistas nacionales e internacionales, quienes utilizan maquinaria especializada y equipos de búsqueda para localizar posibles sobrevivientes entre los escombros. Sin embargo, conforme pasan las horas, las autoridades reconocen que las posibilidades de encontrar personas con vida disminuyen.
La emergencia también ha generado una creciente crisis humanitaria. Miles de damnificados requieren alimentos, agua potable, atención médica y refugio temporal, mientras organismos internacionales mantienen el envío de ayuda para apoyar las labores de recuperación y atención a la población afectada.