La dirigente opositora venezolana María Corina Machado sostuvo un encuentro de alto perfil con el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, a quien expresó su confianza para contribuir a la liberación democrática de Venezuela. Durante la reunión, Machado realizó un acto que rápidamente dio la vuelta al mundo: le presentó su medalla del Premio Nobel de la Paz, como símbolo de reconocimiento al respaldo que, aseguró, Trump ha brindado a la causa venezolana.
“Contamos con usted para la libertad de Venezuela”, expresó Machado, subrayando la importancia del acompañamiento internacional frente a lo que calificó como un régimen autoritario que ha devastado las instituciones, la economía y la vida social del país sudamericano. El gesto fue interpretado por analistas como una señal de desesperación política, pero también como una estrategia calculada para mantener a Venezuela en el centro de la agenda geopolítica estadounidense.
El encuentro se produjo en un contexto particularmente delicado. Venezuela atraviesa una profunda crisis política tras años de confrontación entre el oficialismo y la oposición, con un escenario marcado por denuncias de violaciones a derechos humanos, persecución política y una prolongada emergencia humanitaria. En ese marco, Machado se ha consolidado como una de las figuras más visibles y radicales de la oposición, tanto dentro como fuera del país.
Durante la reunión, Trump recibió la medalla de manera simbólica. Sin embargo, diversas instancias internacionales han recordado que el Premio Nobel de la Paz es intransferible y pertenece exclusivamente a la persona galardonada. Aun así, el acto tuvo un fuerte impacto mediático y político, reforzando la narrativa de Machado sobre la necesidad de una presión internacional más contundente contra el régimen de Nicolás Maduro.
Machado ha insistido en que el respaldo de Estados Unidos resulta clave para lograr un cambio político real en Venezuela. En sus declaraciones, destacó que la presión diplomática, las sanciones económicas y el aislamiento internacional han sido herramientas determinantes para debilitar al oficialismo, aunque reconoció que el camino hacia una transición democrática sigue siendo incierto y complejo.
Por su parte, Trump ha mantenido una postura ambigua respecto al futuro político venezolano. Si bien durante su administración impulsó sanciones severas contra el régimen de Maduro y reconoció a la oposición como una alternativa legítima, en distintas ocasiones ha expresado dudas sobre la viabilidad de ciertos liderazgos opositores. Aun así, la reunión con Machado refuerza la percepción de que Venezuela continúa siendo un tema relevante en su discurso político.
El gesto de entregar la medalla del Nobel también generó reacciones encontradas. Para algunos sectores de la oposición venezolana, se trata de un acto simbólico de gratitud y de búsqueda de aliados estratégicos. Para otros, evidencia la fragilidad interna del movimiento opositor y su dependencia del respaldo externo para sostener su narrativa de cambio.
Mientras tanto, dentro de Venezuela persiste la incertidumbre. Millones de ciudadanos siguen enfrentando carencias básicas, migración forzada y un clima de represión política, mientras la oposición intenta reorganizarse en un escenario cada vez más fragmentado.
El encuentro entre María Corina Machado y Donald Trump deja claro que la crisis venezolana continúa siendo un asunto de alcance internacional, donde los gestos simbólicos, las alianzas políticas y la presión diplomática juegan un papel central en la disputa por el futuro del país.