Ciudad de México.- La madrugada de este lunes concluyó una de las operaciones de rescate minero más prolongadas de los últimos años en México. La Coordinación Nacional de Protección Civil confirmó la localización sin vida de Leandro Isidro Beltrán Reséndiz, último trabajador que permanecía atrapado tras el colapso registrado el pasado 25 de marzo en la Mina Santa Fe.
Con el hallazgo, se cierra un episodio marcado por la incertidumbre, la esperanza y la tragedia en el municipio de El Rosario, donde durante más de un mes brigadas federales, estatales y especialistas trabajaron sin pausa en condiciones de alto riesgo.
De acuerdo con el reporte oficial, el cuerpo fue localizado alrededor de las 03:15 horas, después de 33 días —equivalentes a 783 horas— de maniobras continuas en galerías inundadas y cubiertas por lodo.
El accidente ocurrió cuando una presa de jales —depósito de residuos mineros— se rompió y provocó una avalancha de agua, lodo y materiales sólidos hacia los túneles subterráneos. En ese momento laboraban 25 trabajadores dentro del yacimiento.
Veintiuno lograron salir por sus propios medios. Otros cuatro quedaron atrapados a cientos de metros de profundidad. Desde entonces inició una carrera contrarreloj para rescatarlos.
Durante el operativo fueron rescatados con vida José Alejandro Cástulo Colín y Francisco Zapata Nájera, este último tras permanecer casi dos semanas bajo tierra en condiciones extremas. Ambos casos fueron considerados hallazgos extraordinarios dentro de una operación técnicamente compleja.
Sin embargo, también fueron localizados sin vida Abraham Aguilera Aguilera y finalmente Leandro Isidro Beltrán Reséndiz, cuyo cuerpo era el último pendiente de recuperar.
Las labores estuvieron a cargo de un comando unificado integrado por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, Secretaría de Marina, Comisión Federal de Electricidad, Protección Civil y autoridades estatales. En distintos momentos participaron cerca de 389 personas, además de técnicos, buzos y mineros voluntarios.
El principal obstáculo fue la combinación de túneles estrechos, inundación constante, inestabilidad estructural y grandes acumulaciones de lodo, lo que ralentizó cada fase del rescate.
Más allá del desenlace, el caso vuelve a colocar bajo escrutinio las condiciones de seguridad en operaciones mineras del país, particularmente en instalaciones donde existen presas de jales y sistemas subterráneos complejos.
Especialistas han advertido que estos accidentes no suelen ser hechos fortuitos aislados, sino eventos asociados a fallas de supervisión, mantenimiento, gestión de riesgos y protocolos preventivos.
Para las familias de las víctimas, el hallazgo representa el cierre de una espera angustiante. Para las autoridades, abre una nueva etapa: la investigación sobre responsabilidades técnicas, empresariales y regulatorias detrás del siniestro.
La recuperación del último cuerpo pone fin al rescate. No necesariamente a las preguntas.