REDACCIÓN - 06 May 2026

Gerardo Cuanalo: el perfil que rompe la dicotomía entre técnico y político en Querétaro


En la discusión pública de Querétaro suele instalarse una falsa disyuntiva: o se es técnico o se es político. Como si la capacidad de gestión y la habilidad para construir acuerdos fueran caminos separados. Sin embargo, hay perfiles que empiezan a desdibujar esa frontera. Gerardo Cuanalo Santos es uno de ellos.


Su trayectoria no responde al molde tradicional del académico especializado en movilidad, ni al del político clásico que hace carrera en el discurso. Más bien, se ha construido como un perfil multifacético: alguien que entiende la operación, pero también el contexto; que ejecuta, pero también decide.


Desde la Agencia de Movilidad del Estado de Querétaro, Cuanalo ha enfrentado uno de los retos más complejos del estado: ordenar un sistema de transporte que durante años operó con inercias, rezagos y presiones crecientes por el desarrollo urbano. Y lo ha hecho sin refugiarse en la justificación técnica, sino asumiendo el costo político de intervenir un servicio que impacta todos los días a miles de usuarios.


Ahí está, precisamente, una de sus principales fortalezas: entender que la movilidad no es solo un tema de rutas o unidades, sino un problema profundamente político, porque define la calidad de vida de la ciudad.


Esa lógica quedó expuesta en el anuncio más reciente encabezado por el gobernador Mauricio Kuri González, donde se confirmó la integración de 80 nuevas unidades al sistema Qrobus, así como la expansión de esquemas de micromovilidad con bicicletas públicas y proyectos eléctricos en el Centro Histórico. Más allá del evento, lo relevante es el mensaje de fondo: la movilidad dejó de ser un tema reactivo para convertirse en una política estructural, con visión de largo plazo. En ese proceso, Cuanalo no solo ha ejecutado, también ha articulado una narrativa de evolución del sistema que hoy comienza a consolidarse.


Bajo su gestión, el modelo ha transitado por ajustes estructurales, incorporación de tecnología, reconfiguración de rutas y una integración inédita entre distintos modos de transporte. No ha sido un proceso exento de críticas (sería ingenuo plantearlo así), pero sí ha marcado un antes y un después en la forma en que el estado asume la movilidad como política pública.


En ese contexto, su nombre empieza a cobrar sentido más allá de la administración. No como una apuesta improvisada, sino como la evolución natural de un perfil que ha demostrado capacidad de ejecución en un terreno altamente sensible.


Gerardo Cuanalo no es, entonces, un técnico que incursionará en la política. Es un político que ha probado su eficacia desde la gestión técnica. Y esa diferencia, en el momento que vive Querétaro, no es menor.


Y en un entorno donde los problemas urbanos exigen respuestas cada vez más complejas, los perfiles capaces de moverse entre la técnica y la política —sin perder eficacia en ninguna de las dos— empiezan a ser no solo valiosos, sino necesarios.


Si la discusión rumbo a la presidencia municipal de Querétaro se centra en quién puede gobernar con resultados, no solo en quién puede ganar una elección, nombres como el de Gerardo Cuanalo inevitablemente entrarán a la conversación. No por narrativa, sino por trayectoria.

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