La ausencia de Alejandro Moreno en el evento del PRI Querétaro terminó generando más lecturas políticas que la propia toma de protesta encabezada por Abigail Arredondo.
Aunque hasta ayer por la noche operadores políticos del Comité Directivo Estatal todavía realizaban gestiones para mantener confirmada la presencia del dirigente nacional, finalmente el líder priista decidió no acudir al acto, lo que inevitablemente abrió cuestionamientos al interior del partido sobre el nivel de prioridad e interés que actualmente representa Querétaro para la dirigencia nacional.
El evento, planteado como una demostración de estructura y reorganización territorial, evidenció también la ausencia de perfiles políticos de alto nivel dentro del priismo queretano.
El asunto no es menor. Prácticamente todas las encuestas recientes coinciden en que el PRI Querétaro atraviesa la peor crisis política de su historia. A diferencia de otras entidades del país, donde el partido todavía conserva niveles de intención de voto que oscilan entre el 10 y el 20 por ciento, en Querétaro apenas alcanza a rozar el 4 por ciento en diversos ejercicios demoscópicos.
Ese escenario no solo refleja un deterioro electoral severo, sino que incluso comienza a colocar al partido en un escenario de riesgo real de desaparición política en el estado si no logra reconstruir competitividad en los próximos procesos electorales.
Para distintos actores políticos, más allá de las explicaciones de agenda, la ausencia de Moreno Cárdenas terminó enviando un mensaje delicado: el priismo queretano enfrenta una etapa donde incluso la dirigencia nacional parece observar con distancia un proyecto político que aún no logra reconstruir liderazgo, narrativa ni competitividad electoral rumbo a 2027.