La política suele reducirse a consignas, encuestas y campañas. Sin embargo, detrás de cada aspirante existe una visión sobre el estado que desea construir. En esta edición de Rostros 27 conversé con Ricardo Astudillo, arquitecto, diputado federal y uno de los perfiles que buscan encabezar el proyecto de la Cuarta Transformación en Querétaro.
La charla comenzó con un tema inevitable: su triunfo electoral en el Distrito Federal 2, integrado principalmente por San Juan del Río y Amealco. Para Astudillo, aquella victoria tuvo un significado especial porque se logró en una región donde históricamente habían predominado otras fuerzas políticas. Más que una victoria personal, la define como una muestra de confianza ciudadana hacia la alianza conformada por Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo.
A lo largo de la conversación surgió una idea interesante: el reconocimiento de que Querétaro ha construido fortalezas importantes durante las últimas décadas. Lejos de plantear una ruptura absoluta con el pasado, Astudillo considera que existen políticas que deben mantenerse, particularmente aquellas relacionadas con la atracción de inversión y el crecimiento económico. Su crítica apunta hacia otro terreno: la distribución desigual de los beneficios del desarrollo.
Según su visión, existen múltiples Querétaros conviviendo dentro del mismo estado. Mientras algunas zonas cuentan con infraestructura, movilidad y servicios de primer nivel, otras enfrentan rezagos históricos. Para él, el reto consiste en lograr que el crecimiento alcance a los 18 municipios por igual.
Cuando la conversación llegó al tema de una eventual candidatura a gobernador, Astudillo se mostró seguro de sus posibilidades. Argumenta que su principal fortaleza es el conocimiento territorial construido durante casi dos décadas de recorridos por el estado. Asegura conocer prácticamente todas las comunidades queretanas y considera que esa cercanía representa una ventaja frente a otros perfiles.
Pero también destacó otro elemento que suele ser determinante en la política moderna: la capacidad de ganar elecciones. Astudillo sostiene que los resultados electorales recientes demuestran competitividad para la coalición gobernante a nivel federal y, en su caso particular, capacidad para construir mayorías en las urnas.
Uno de los momentos más llamativos de la entrevista llegó cuando habló sobre los atributos que debería tener quien aspire a gobernar Querétaro. Más allá de ideologías, insistió en la necesidad de construir acuerdos, sumar distintas formas de pensar y evitar que los colores partidistas determinen el acceso a oportunidades o servicios públicos.
La propuesta que repitió en varias ocasiones fue la de una “4T a la queretana”. El concepto busca diferenciarse de modelos aplicados en otras entidades y construir una versión adaptada a las necesidades locales. Astudillo plantea que el futuro del estado debe edificarse a partir de las problemáticas específicas de Querétaro: seguridad, agua, movilidad y crecimiento ordenado.
Quizá la frase que mejor resume su visión apareció casi al final de la entrevista: “La política se tiene que hacer afuera, no en un escritorio”. Bajo esa lógica, explicó que actualmente desarrolla una gira estatal para realizar cientos de foros ciudadanos con el objetivo de escuchar directamente a la población y construir un diagnóstico detallado de cada región.
Más allá de las simpatías o diferencias políticas que puedan existir, la conversación dejó ver a un actor que intenta posicionarse como una opción dentro de la disputa que se avecina por la gubernatura. Falta tiempo para que las definiciones lleguen, pero una cosa parece clara: Ricardo Astudillo ya está recorriendo el camino.
Y como toda charla política en tiempos mundialistas, la entrevista terminó hablando de futbol. Su pronóstico para el encuentro entre México y Corea fue un empate. Una respuesta prudente. Quizá tan prudente como la estrategia que hoy sigue para buscar convencer a un estado que históricamente ha sido difícil de conquistar para la Cuarta Transformación.