La transformación requirió aproximadamente tres meses de trabajo. El vehículo cuenta ahora con un módulo de baterías de 96 voltios y un controlador encargado de administrar la energía que llega al motor eléctrico. De acuerdo con sus desarrolladores, puede cargarse completamente en alrededor de una hora y media.
Las prestaciones también llaman la atención: el prototipo tiene una autonomía estimada de entre 100 y 150 kilómetros por carga y puede alcanzar velocidades de entre 100 y 120 kilómetros por hora. Los responsables explicaron que esos parámetros fueron establecidos debido a que se trata de un “auto escuela”, pensado también para la formación de estudiantes.
Más allá de devolverle la vida a uno de los automóviles más emblemáticos de México, el proyecto tiene un componente ambiental. Al sustituir el motor de combustión se eliminan las emisiones locales del vehículo y también desaparecen algunos mantenimientos tradicionales, como los cambios de aceite asociados con un motor a gasolina.
El proyecto forma parte de un movimiento más amplio hacia la electromovilidad en Guanajuato. Apenas este mes fue inaugurado en el Instituto Tecnológico Superior del Sur de Guanajuato un Laboratorio de Electromovilidad, equipado para la capacitación en motores, sistemas de gestión de baterías y vehículos eléctricos.
Pero los universitarios de León quieren ir más allá del prototipo. La meta es desarrollar una industria dedicada a convertir vehículos de gasolina en eléctricos. La universidad ya estableció vínculos con empresas privadas para que estudiantes realicen prácticas en un taller especializado que próximamente será inaugurado.