REDACCIÓN - 02 Jul 2025

Legislar fast track: un timbre de orgullo para la caquistocracia

Por Jair Miquel


En México, la democracia no siempre muere bajo el estruendo de las botas, sino bajo el silencio burocrático de un pleno legislativo. En las últimas semanas, el Congreso ha consumado una serie de reformas que, lejos de simples ajustes técnicos, configuran un rediseño profundo de las relaciones entre el poder y la ciudadanía. Se legisla a velocidad inédita, bajo la promesa de modernización, mientras crecen las voces que advierten que lo que está en juego no es solo la eficiencia gubernamental, sino el equilibrio mismo de la democracia mexicana.


En apenas unos días, el Congreso ha aprobado dieciséis reformas de gran calado durante sesiones extraordinarias. La celeridad ha despertado inquietud no solo en la oposición política, sino también entre organizaciones civiles, académicos y ciudadanos, que temen que la urgencia oculte un proyecto de reconfiguración institucional más profundo.


Apenas ayer, la diputada Abigail Arredondo (PRI) denunció que “no les fue permitida ninguna reserva” a la oposición durante la sesión de este martes. Si bien el Congreso aprobó dieciséis reformas en un abrir y cerrar de ojos, el silencio legislativo se profundiza cuando ni una sola de las reservas presentadas alcanzó siquiera a ser discutida públicamente.


Entre los cambios más debatidos está la reforma que permite al régimen acceder a bases de datos biométricos sin necesidad de una orden judicial. El gobierno la defiende como una herramienta imprescindible para combatir la violencia criminal. Sin embargo, organismos de derechos humanos advierten sobre el riesgo de consolidar un Estado de vigilancia, capaz de rastrear a individuos sin contrapesos judiciales ni garantías suficientes.


Otra reforma clave disuelve al Instituto Federal de Telecomunicaciones para crear en su lugar una Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, bajo una influencia mucho más directa del Ejecutivo. Aunque se insiste en que no habrá censura ni espionaje, la posibilidad de bloquear contenidos digitales por razones de seguridad nacional ha encendido las alarmas sobre los límites a la libertad de expresión y la neutralidad de la red.


Lo que genera mayor preocupación no es únicamente el contenido de lo que se está aprobando, sino el modo en que se está haciendo. Procesos legislativos exprés, espacios mínimos para el debate y votaciones apresuradas alimentan la percepción de que la democracia mexicana podría esta siendo socavada en silencio, sin que la ciudadanía alcance a dimensionar del todo sus consecuencias.


Criticar al poder nunca ha sido una tarea cómoda. Pero hoy, hacerlo exige más coraje que nunca. Porque en México, la democracia no siempre se pierde entre dictámenes autoritarios o tanques en la calle. A veces se desvanece entre párrafos de reformas, sesiones extraordinarias y discursos que prometen modernización, mientras construyen nuevas estructuras de poder.


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