La directora mexicana Alondra de la Parra volverá al podio de la Orquesta Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes, en una serie de conciertos programados para el 24 y 26 de abril, con un repertorio que busca ir más allá de lo técnico: conectar con la sensibilidad del público.
La propuesta artística incluye piezas emblemáticas del repertorio sinfónico internacional, como Preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy, el Concierto para piano en Sol mayor de Maurice Ravel y la suite de Romeo y Julieta de Serguéi Prokofiev, acompañada por el pianista francés Thomas Enhco.
Más allá del programa, De la Parra plantea una visión clara: la música como vehículo emocional. En su discurso, insiste en que la experiencia sinfónica no debe limitarse a la ejecución, sino a despertar una conexión profunda con el “lado sensible” del ser humano, una dimensión que —advierte— suele perderse en la rutina cotidiana.
Su regreso no es menor. Se trata de una de las directoras mexicanas con mayor proyección internacional, con participaciones en escenarios como la Orchestre de Paris, la London Philharmonic Orchestra y la Royal Opera House. Volver a México, y particularmente a Bellas Artes, implica también una reivindicación de su vínculo con el público nacional.
En ese sentido, la directora subraya que su papel no es imponer una visión personal sobre la obra, sino funcionar como un canal entre el compositor y los músicos. Una postura que rompe con la figura tradicional del director como protagonista absoluto y apuesta por una interpretación más colectiva.
El calendario de De la Parra no se limita a estos conciertos. También prepara nuevas funciones de Gershwin, la vida en azul en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, además de la próxima edición del Festival Paax GNP en Quintana Roo, que este año incorporará ópera y zarzuela, ampliando su alcance artístico.
Así, su regreso a la Orquesta Sinfónica Nacional no sólo representa un evento cultural relevante, sino una declaración de intenciones: recuperar el sentido emocional de la música en tiempos donde, muchas veces, lo esencial queda en segundo plano.