Durante casi dos años, Fausto Corrales Rodríguez fue uno de esos nombres que aparecían inevitablemente cuando se intentaba reconstruir uno de los episodios más extraños y todavía incompletos de la historia reciente de Sinaloa.
Sabía cosas.
Había trabajado cerca de Héctor Melesio Cuén Ojeda, conocía el entorno de la Universidad Autónoma de Sinaloa y su nombre terminó relacionado con la reunión del 25 de julio de 2024 en Huertos del Pedregal, aquella en la que Cuén perdió la vida e Ismael “El Mayo” Zambada terminó privado de su libertad y, horas después, en territorio estadounidense.
Ahora Corrales está detenido.
Y su captura, lejos de cerrar el expediente, vuelve a abrir prácticamente todas las preguntas.
Ismael Bojórquez, director del semanario Ríodoce y uno de los periodistas que ha seguido con mayor detalle el caso, lo resumió durante una entrevista con Aristegui en Vivo:
“¿Va a elaborar una nueva teoría del caso para proteger a quién?”.
La pregunta surge porque Corrales no siempre estuvo bajo la condición que hoy le atribuye la Fiscalía General de la República.
Después de permanecer fuera de la escena pública durante un periodo, reapareció y regresó a trabajar como secretario particular del rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Jesús Madueña Molina.
Según Bojórquez, las investigaciones realizadas por Ríodoce apuntaban a que Corrales pudo haberse acogido a un criterio de oportunidad y habría proporcionado información relevante a la FGR.
Pero había algo todavía más llamativo.
De acuerdo con el periodista, Corrales regresó a sus actividades acompañado de medidas especiales de seguridad: una camioneta blindada presuntamente facilitada por autoridades federales y cuatro escoltas, dos estatales y dos federales.
Ríodoce incluso obtuvo fotografías de Corrales acompañado por ese dispositivo de protección.
Por eso su detención resulta particularmente significativa.
Si anteriormente había colaborado con las autoridades, ¿qué cambió?
La respuesta puede encontrarse en la nueva postura de la Fiscalía. La FGR ahora sostiene que Corrales habría mentido u ocultado información relevante en sus primeras declaraciones.
Y eso coloca nuevamente el reflector sobre aquel 25 de julio.
La versión inicial presentada por las autoridades de Sinaloa sostenía que Héctor Melesio Cuén había sido atacado durante un intento de robo en una gasolinera.
Pero esa historia comenzó a derrumbarse apenas unas semanas después.
El 9 de agosto de 2024 apareció una carta atribuida a “El Mayo” Zambada y difundida por su abogado.
El capo contó una historia completamente distinta.
Aseguró que había acudido a una finca de Huertos del Pedregal para participar en una reunión y que ahí fue emboscado y secuestrado. También sostuvo que Cuén había sido asesinado en ese lugar.
La Fiscalía General de la República asumió entonces la investigación.
Semanas después, la propia FGR señaló inconsistencias graves en la investigación realizada por la Fiscalía de Sinaloa y sostuvo que la versión del supuesto ataque en la gasolinera había sido un montaje.
Entre los indicios señalados se encontraba sangre localizada en una camioneta relacionada con el traslado de Zambada hacia la pista desde donde posteriormente salió rumbo a Estados Unidos.
La investigación federal también apuntó hacia la posible participación de funcionarios ministeriales, peritos y policías de investigación de Sinaloa en la construcción de aquella primera versión.
Pero el expediente comenzó a atascarse.
Hubo órdenes de aprehensión, diferencias entre la Fiscalía y autoridades judiciales y diligencias que quedaron pendientes.
Finalmente, el caso prácticamente desapareció de la discusión pública.
Ríodoce descubrió posteriormente, mediante solicitudes de información, que el 26 de mayo de 2026 la FGR había reservado información relacionada con el expediente bajo argumentos de seguridad nacional y soberanía.
Hasta que apareció nuevamente Fausto Corrales.
Para entender la importancia de su eventual testimonio también es necesario regresar al conflicto político que rodeaba a Cuén antes de su muerte.
Cuén y Rubén Rocha Moya habían sido aliados durante las elecciones de 2021. El primero llegó incluso a ocupar la Secretaría de Salud estatal.
La relación terminó por romperse.
Cuén se convirtió posteriormente en uno de los principales adversarios políticos del gobernador y comenzó una disputa alrededor de la Universidad Autónoma de Sinaloa y de la reforma a su Ley Orgánica.
Bojórquez sostiene que en diferentes momentos se intentó encontrar una salida a ese conflicto y que Cuén habría buscado la intervención del propio Zambada.
Ese contexto es importante porque, según la reconstrucción del periodista, la reunión de Huertos del Pedregal no habría surgido de la nada.
Era el punto de llegada de meses de confrontaciones, negociaciones y encuentros fallidos.
Y entonces ocurrió todo en cuestión de horas.
Cuén murió.
“El Mayo” Zambada terminó en Estados Unidos.
Joaquín Guzmán López apareció también bajo custodia estadounidense.
Y la primera versión oficial sobre la muerte del exrector terminó cuestionada por la propia Fiscalía federal.
Después ocurrió algo igualmente llamativo.
El conflicto entre el gobierno estatal y la Universidad Autónoma de Sinaloa comenzó a desactivarse.
“Dos meses después de que asesinaron a Cuén, el problema se resolvió”, señaló Bojórquez al describir la secuencia política posterior.
Fausto Corrales regresó a la universidad.
La confrontación institucional disminuyó.
Y durante meses, las respuestas sobre lo sucedido en aquella finca dejaron de llegar.
Por eso su captura dos años después adquiere otra dimensión.
Corrales puede convertirse en una pieza fundamental para reconstruir quién estuvo realmente en Huertos del Pedregal, qué ocurrió durante aquella reunión, cómo murió Cuén, quién participó en el secuestro de Zambada y qué sucedió en las horas posteriores.
Pero también existe otra posibilidad planteada por Bojórquez: que su nueva declaración modifique nuevamente la narrativa oficial.
“¿Qué va a declarar ahora Fausto después de que lo está acusando la Fiscalía de haber mentido en la primera declaración?”, cuestionó.
La respuesta todavía permanece dentro del expediente.
Y quizá permanezca ahí durante años.
Bojórquez advirtió que, debido a las reservas establecidas alrededor de la investigación, podría pasar mucho tiempo antes de que se conozca públicamente lo que Corrales declare ante las autoridades.
Mientras tanto, la detención vuelve a abrir un caso en el que cada nueva revelación ha terminado cuestionando la anterior.
Primero fue un supuesto asalto en una gasolinera.
Después apareció la versión de una reunión en una finca.
Luego la FGR habló de un montaje.
Más tarde surgieron investigaciones sobre funcionarios que habrían participado en la construcción de aquella historia.
Y ahora uno de los hombres que habría ayudado a construir la teoría federal está detenido porque, según la propia Fiscalía, pudo haber mentido.
Dos años después, la pregunta ya no es solamente qué ocurrió el 25 de julio de 2024.
La pregunta es también quién ha contado la verdad desde entonces.