Ciudad de México.- Entre muestras de dolor y acompañados por decenas de familiares, amigos y vecinos, este domingo fue despedido Carlos, de 45 años, una de las dos personas que perdieron la vida tras la explosión registrada la noche del viernes en un predio de la avenida Alta Tensión, en la alcaldía Álvaro Obregón.
El cortejo fúnebre avanzó por avenida Santa Lucía, muy cerca del lugar donde ocurrió el siniestro, antes de dirigirse al panteón Guadalupe Mixcoac. La familia había solicitado respeto y privacidad tanto para el velorio, realizado en el domicilio de la víctima, como para el sepelio.
Carlos trabajaba en un puesto de tacos ubicado junto al predio donde ocurrió la explosión. Personas cercanas lo describieron como un hombre alegre y querido entre quienes lo conocían. Su tío, Juan Manuel González, explicó que el negocio familiar tiene alrededor de 48 años de operación y pidió aclarar que el estallido no se originó en el establecimiento, sino en un terreno contiguo.
La explosión dejó un saldo de dos personas fallecidas y 14 lesionadas. La segunda víctima también fue despedida mediante una ceremonia privada.
Mientras las familias enfrentan las consecuencias humanas de la tragedia, en la zona del siniestro comenzaron los trabajos de remoción de escombros y las labores para disminuir riesgos en los inmuebles afectados. Personal especializado revisa las viviendas dañadas para determinar sus condiciones estructurales y establecer si es seguro que los habitantes regresen.
Para algunos vecinos, la emergencia todavía está lejos de terminar. Además del impacto emocional provocado por la explosión, permanece la incertidumbre sobre el futuro de sus casas y la posibilidad de que los daños las hagan inhabitables.
El punto donde ocurrió el estallido continúa bajo intervención mientras autoridades y trabajadores realizan labores de limpieza y seguridad. Los residentes afectados esperan ahora información definitiva sobre el estado de sus propiedades y las acciones que deberán seguir para recuperar la normalidad.
La tragedia dejó dos muertos, más de una decena de personas heridas y varias familias con afectaciones materiales. Este domingo, sin embargo, la atención estuvo puesta en Carlos: el trabajador del puesto de tacos al que familiares, vecinos y amigos acompañaron por última vez por las mismas calles donde durante años formó parte de la vida cotidiana de la comunidad.