Washington.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, descartó impulsar una desaceleración en el desarrollo de la inteligencia artificial pese a las advertencias lanzadas por algunos de los principales líderes de la industria tecnológica, quienes han pedido mayor cautela ante riesgos que incluyen ciberataques, bioterrorismo, pérdida de control de sistemas avanzados y fuertes disrupciones económicas.
Trump respondió a los llamados realizados por Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, quien pidió públicamente reducir el ritmo con el que las compañías están aumentando las capacidades de sus modelos. Sam Altman, responsable de OpenAI, y Elon Musk, fundador de xAI, coincidieron después con la necesidad de tomar mayores precauciones.
El mandatario estadounidense, sin embargo, dejó claro que su prioridad será mantener a Estados Unidos por delante de China en la carrera tecnológica. “Quien gane con la IA, gana”, afirmó durante declaraciones a medios en Irlanda, donde calificó como “fuerzas negativas” a quienes plantean escenarios que, desde su perspectiva, no ocurrirán.
“Podemos poner salvaguardas, podemos hacer esto y aquello”, señaló Trump, pero rechazó la idea de ralentizar el desarrollo de la tecnología. El presidente argumentó que Estados Unidos es actualmente el país más avanzado en inteligencia artificial y aseguró que pretende conservar esa posición frente a Beijing.
La postura abre una confrontación particularmente llamativa porque las advertencias ya no provienen únicamente de académicos, organizaciones civiles o críticos de Silicon Valley. Esta vez son algunos de los propios empresarios que lideran la carrera de la inteligencia artificial quienes están pidiendo pisar el freno.
Amodei publicó un ensayo en el que sostuvo que la industria debería disminuir la velocidad con la que incrementa las capacidades de los modelos para disponer de mayor tiempo para evaluar y reducir sus riesgos. Entre sus preocupaciones mencionó el posible uso de estas herramientas para ataques cibernéticos y bioterrorismo, así como el riesgo de que sistemas cada vez más poderosos se vuelvan difíciles de controlar. También pidió evaluaciones independientes y una mayor intervención gubernamental.
Sam Altman respaldó públicamente la posición del fundador de Anthropic y adelantó que OpenAI aceptaría evaluadores externos de seguridad. Elon Musk se sumó al llamado al afirmar que Amodei “tiene razón”. La coincidencia entre tres empresarios que compiten directamente por el liderazgo de la industria convirtió el pronunciamiento en un episodio poco común dentro del sector.
Las advertencias también ocurren después de la renuncia de Jacob Coxon, investigador que trabajó primero en OpenAI y después en Anthropic. Coxon abandonó la industria al considerar que las empresas están demasiado enfocadas en superar a sus competidores y no lo suficiente en garantizar la seguridad de los sistemas que desarrollan.
La discusión ya llegó al Congreso estadounidense. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, rechazó una moratoria de emergencia sobre inteligencia artificial al considerar que una pausa podría otorgarle ventaja tecnológica a China. En contraste, el líder demócrata en la Cámara Baja, Hakeem Jeffries, pidió actuar con urgencia para ralentizar el desarrollo de estas herramientas.
El choque plantea uno de los dilemas tecnológicos y geopolíticos más importantes de los próximos años: reducir la velocidad para intentar controlar los riesgos o acelerar para no perder la carrera frente a otras potencias.
Por ahora, la administración Trump parece haber elegido la segunda opción. Aunque el presidente admite que pueden establecerse mecanismos de protección, no está dispuesto a sacrificar velocidad ni liderazgo internacional ante advertencias que considera exageradas.
La paradoja es que quienes hoy están pidiendo más tiempo y controles son precisamente algunos de los hombres que construyen la tecnología. Y mientras Amodei, Altman y Musk advierten que el desarrollo puede estar avanzando demasiado rápido, Trump sostiene que detenerse podría significar algo todavía peor para Estados Unidos: perder la carrera por la inteligencia artificial.